16 marzo, 2010

¿Quieres evitar el divorcio y las discusiones sin fin?

¿Quieres evitarte la lucha de tener que lidiar con un divorcio, o de tener que enfrentar problemas más grandes que tu capacidad de resolverlos? Aprende y practica lo aprendido!!!

Cuando nos enfrentamos a un problema y no vemos una solución aparente, decimos que estamos frente a un gran problema, pero cuando tenemos alguna idea de cómo vamos a solucionarlo, entonces el gran problema se convierte en un problema menor.

La única manera de tener presente el cómo solucionar los problemas de forma efectiva es aprender a solucionarlos antes de que ocurran. Sí, aunque parezca imposible, podemos conocer la solución de problemas que no hemos tenido escuchando las experiencias de otros.

Recuerda que las experiencias más edificantes son aquellas en las que se ha logrado el éxito. Las experiencias que no han logrado el éxito las debemos tomar como advertencia de lo que no debemos hacer.

Si quieres evitarte el camino con espina y andar por un camino menos doloroso, aprende y practica, aprende y practica! Ve con tu pareja a cursos de pareja, talleres, seminarios, charlas, lean libros sobre comunicación, amor conyugal, la pareja, la familia, los hijos, para que se edifiquen.

Todas estas actividades ayudan, créeme que ayudan; y si crees que vas a perder algo por intentarlo, te aseguro que será más doloroso el divorcio o las discusiones sin fin.

Todos los seres humanos necesitamos crecer siempre, no importa la edad que tengamos, ni la experiencia vivida, siempre necesitamos seguir creciendo.

Recuerda que si quieres que un resultado sea diferente debes hacer las cosas de manera diferente.

13 julio, 2009

Como conseguir lo que deseamos

Escrito por Marco Marmolejos

Lo que recibimos del mundo es el resultado de las cosas que pensamos, sentimos y hacemos
. Dios nos da el libre albeldrío y permite aquellos sucesos que consideramos casuales.

Nosotros no tenemos control de las cosas casuales, pero sí tenemos control de nuestros pensamientos, sentimientos y acciones. No podemos culpar a Dios por las cosas negativas que nos pasan, ni al prójmo, porque no tiene la culpa de lo que recibimos. Es nuestra responsabilidad darle un buen uso a nuestros pensamientos, sentimientos y acciones para obtener los resultados adecuados, ya que todo en la vida es el resultado de esas tres cosas.

Si pensamos que el mundo es malvado, que todo el mundo es egoísta, aunque nos encontremos con alguien que no lo sea, no tendremos la oportunidad de reconocerlo, porque no creemos que existe. En cambio, si pensamos que el mundo es una creación maravillosa de Dios, nos daremos cuenta de que existe mucha gente buena cerca de nosotros, descubriremos cuáles son las cosas realmente importantes y sabremos en qué creer.

En fin, si ponemos en nuestra mente pensamientos negativos (no me quieren, la gente no respeta...), mantenemos sentimientos que nos hacen morir en vida (tristeza, odio, ira...) y hacemos las cosas incorrectas, recibiremos el resultado que no deseamos. En cambio, si ponemos en nuestra mente pensamientos positivos (existe una intención positiva en el actuar de las personas...), mantenemos sentimientos que nos mantienen vivos (alegria, amor, paz,...) y hacemos las cosas correctas, sólo nos queda una cosa por hacer: recibir lo que siempre hemos deseado.

Por qué esperar que los demás nos hagan felices si nosotros tenemos las herramientas para hacerlo? Te toca a ti decidir qué pensar, sentir o hacer para recibir aquello que tanto deseas.


Las mujeres como jarras de agua

Imaginemos que las mujeres somos jarras llenas de agua... Esa agua está representada por las emociones positivas como la alegría, el entusiasmo, el amor, la paciencia, el deseo de hacer las cosas, etc. Pero el día a día y las circunstancias internas y externas van sacando un poquito de esa agua que tenemos: los afanes de la casa, el estrés del trabajo (colegio o universidad, según el caso), nuestra relación de pareja, los cambios hormonales...

Esa agua nos permite realizar todas las actividades que nos corresponden diariamente, pero así como el combustible de los vehículos, a medida que avanza el kilometraje, se va gastando... Por eso, constantemente necesitamos que se nos añadan agua...

El sentirnos reconocidas, amadas y aceptadas ayuda a que nuestra jarra se mantenga llena por tiempos más prolongados.

01 octubre, 2008

Luchando con el miedo

Todos en algún momento de nuestras vidas hemos sentido miedo... de hecho, podemos ver como normal el que circunstancias difíciles de enfrentar, nuevas o desconocidas nos lleven a experimentar temor...

Ante estas eventualidades, llegan a nuestros oídos palabras que insisten que no debemos tener miedo... Pero no es el sentimiento de temor el problema, es la actitud ante ese sentimiento. Los seres humanos no tenemos el control absoluto de lo que sucede en nuestro exterior, pero internamente podemos tomar las riendas de nuestras emociones para actuar correctamente.

En su definición, el miedo es un estado emocional que puede inducirnos a huir, a rendirnos o bien, a luchar (Wikipedia). Huir es dejar de pensar en lo que nos atemoriza y/o quedarnos en la negación del sentimiento. Rendirse es creer que nunca venceremos el temor, que nada de lo que hagamos cambiará la situación, que no tenemos la capacidad... Luchar es enfrentar con determinación, confiar en que se puede, es cerrar los ojos y lanzarse creyendo que todo estará bien...

Esta última no es la más fácil, pero nos ayudará a crecer, madurar y alcanzar una mayor satisfacción personal.

24 septiembre, 2008

No se cambia en el matrimonio, sino en el noviazgo

Esta es una reflexión distinta a las acostumbradas, pero sería interesante analizarla un momento. Aunque cada caso es diferente, probemos este nuevo paradigma: "la gente no cambia en el matrimonio, cambia en el noviazgo"...

Se suele pensar que después de casadas las personas muestran conductas distintas a su forma de ser... pero, ¿qué tan cierto es esto en realidad? ¿No será acaso lo opuesto, que hacemos grandes intentos por agradar a nuestra pareja, esforzándonos al máximo en ofrecer lo que no podemos dar con tanta facilidad?

(Nota: lo siguiente varía de persona en persona, no es una regla en todas las relaciones).

En el noviazgo, las mujeres nos mantenemos arregladas, bien vestidas, no dejamos que el novio llegue y nos encuentre en rolos, tubis, sin maquillaje o en ropa de estar en casa (el t-shirt de talla grande y los shorts feísimos que estuvieron de moda en algún momento o que me los regaló una tía que tenía siglos sin verme). Le preparamos un dulcito u otra comidita para brindarle en alguna visita y solemos callar muchas cosas con tal de no parecer peleonas y espantar al prospecto.

Los hombres regalan flores, llevan al cine, a bailar o a cenar varias veces al mes, se comen cualquier cosa que les preparemos y esperan el tiempo que haga falta, sin que esto afecte la relación... en fin, que bajan el sol, la luna y las estrellas sin protestar mucho...

Ya en el matrimonio, asumen que las flores son innecesarias, las salidas son muy costosas, la comida debe estar servida a la hora que llegue y ¡que ni se te ocurra hacerlo llegar tarde a los compromisos! Por otra parte, a las mujeres se nos olvida quitarnos el tubis para dormir, no nos da tiempo para cocinar y ya no nos da pena pelear por todas las cosas que nos incomodan.

Entonces, ¿en qué momento dejamos de ser nosotros mismos? ¿Cuando nos da pena que vea que al salir del salón de belleza no dejamos el pelo listo para ser acariciado o alagado, o cuando le permitimos vernos menos atractivas? O, en el caso de los hombres, ¿cuando se miente al no decir cuánto molesta esperar, o cuando hay sinceridad y se muestra lo que en verdad se piensa?

No digo que no esté bien hacer todas estas cosas por amor, por mantener la armonía y hacer feliz al otro, pero ¿no es mejor, llegado el momento oportuno, comunicar todas estas cosas con la finalidad de conocernos a fondo? A la larga evitará mayores descepciones, heridas y confusiones, y permitirá acrecentar la confianza en la pareja.

23 septiembre, 2008

¿Cuántos quieren casarse?

LLegada una edad, las mujeres esperan tener una relación de noviazgo estable para pronto casarse... algunas con el deseo de formar una familia, otras tal vez prefieren postergar esta parte, pero al fin y al cabo buscan completar esta etapa en sus vidas...

Los hombres experimentan otra cosa... sus aspiraciones para formar un hogar vienen mucho más tarde que en las mujeres... aún así, algunos se ven presionados a casarse principalmente después de un largo noviazgo...

Es así como algunas parejas toman la decisión de unirse en matrimonio sin estar preparadas para dar ese paso... Se quedan en la etapa de enamoramiento y no se preocupan por acrecentar el amor... Es entonces cuando en el día a día y en el esperar del otro, todo se vuelve diferente...

Cuando el hombre se casa, cambia de casa, de cama, de muebles y de compañía... pero hay que entender que los patrones de conducta serán los mismos.... no es que no sea capaz de hacer las cosas distintas a como las hacía en la casa materna, es simplemente que todas las conductas alojadas en el inconsciente surgen sin que muchas veces las planeen... esto pasa igual en las mujeres, aunque la diferencia que noto es que al tener la responsabilidad del hogar (porque aunque no nos guste, somos nosotras quienes por lo general notamos cuando algo no está en su sitio, está sucio o falta por ordenar), asumimos conductas que antes de casadas no ejecutábamos. A esto añado algo que suele decir mi esposo: "la gente no cambia en el matrimonio, cambia en el noviazgo" (de esto hablaré más adelante).

Entiendo que es fundamental para todas las parejas un conocimiento profundo de su persona y del individuo con el que está compartiendo...

Muchos pasan por alto ciertas cosas creyendo que "él/ella va a cambiar", y lo cierto es que se enredan en una inmensa mentira... Yo no me atrevo a decir que la gente no cambia porque no me siento con el derecho de juzgar la voluntad de las personas; ahora bien, creo que esperar que el otro cambie es creer que yo no tengo nada que cambiar...

Los seres humanos pensamos más en lo que no estamos recibiendo y pocas veces pensamos en lo que no estamos dando... Las relaciones de pareja se vuelven más complicadas porque las convertimos en una lucha de poder donde "yo no me dejo de ti"...

El amor es entregarse, confiar en el otro, desprenderse de uno mismo (uff, qué difícil!!)... Ojalá y nos enseñaran un poco más de esto, ojalá y todos tuviésemos este ejemplo en nuestro hogar, en nuestra familia... Tal vez nuestras vidas fueran un poco diferentes...

22 septiembre, 2008

¿Para qué es este blog?

La verdad no sé... Marco, mi esposo, me está motivando a que escriba sobre lo que me gusta, sobre lo que disfruto hablar y compartir con cualquiera que pueda estar interesado...

Así que creo que este blog mostrará alguna idea, mensaje, pensamiento o reflexión que surja en mi cabeza y que pueda ayudar a otros (y hasta a mí misma) a encontrar su camino...